Relato “El desafío Artístico”

              Jane se había teñido el pelo de rubio hace muchos años para ser lo más diferente posible a su hermana. La odiaba, y no quería sentir nada que le recordara que habían nacido de un mismo parto. Las vidas de ellas habían discurrido por cauces muy diferentes y se notaba en su aspecto físico. Por eso no entendía cómo, a ella, le había tocado habitar en un cuerpo tan inestable comparado al de Miriam. Pocas son las veces que terminaban conversaciones sin discutir, y esa tarde no iba a ser una excepción. Jane no entendía porque la gente no percibía su arte.

              Sus esculturas habían sido muy bien criticadas por expertos y marchantes de obras, pero no lograba venderlas con la misma facilidad que los elogios le presagiaban. Por eso odiaba a su gemela. Sin talento aparente, siempre se la veía feliz. Hablar de arte era la única cosa que lograba sacarla de quicio y aquella tarde la discusión fue de las más fuertes. Se zanjó con un reto absurdo en el que las dos aceptaron mirándose a los ojos. La artista realizaría dos obras.

              Una de ellas sería la mejor escultura que pudiera diseñar y tendría que intentar venderla. La otra debería ser tan horrible y desestructurada que nadie quisiera comprarla. Esa se encargaría de comerciarla, Miriam. No tardo más de dos días en conseguirlo, lo que irritó a su hermana más de lo que pensaba. De hecho, de haberlo sabido no hubiera aceptado el desafío. ¡Cómo una novata sin talento conseguía vender la obra más fea del mundo, y ella no era capaz de colocar la suya en el mercado! Lo debatieron largo rato.

              La conclusión no tardó en aparecer. Miriam expuso que: “si no tienes fe en lo que estás vendiendo nunca serás capaz de convencer a nadie de que compra parte de tu alma en tu obra”. Tu falta de confianza te ha vuelto huraña y te ha alejado de los canales de comunicación con la gente. No dominas el contacto humano y, por tanto, reduces el campo de posibles compradores. A mi sólo me ha hecho falta mover un poco mi red de amigos para que todos quisieran ver la obra”. Eso indignó más a la rubia que oía estupefacta. Le dolió que le pusiera en la cara, lo que ya sabía en su interior. Que el arte no depende tanto del producto si no de los contactos que tengas para conseguir parezca bueno lo que no es. Remató la discusión con una contundente frase: “porque, aunque tú no lo creas, cultivar la amistad también es un arte y como tal hay que cuidarlo”.

Luis Alberto Serrano
@luisalserrano

PUBLICADO EN:
Enero-2020 – Revista Papalotzi (México)

Agradecimientos:
Berónica Palacios, Dante Alejandro y Editorial Edhalca

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