Mi relato “Las tres ballestas” en la Revista ACTE VIRTUAL

Mi relato “Las tres ballestas” sirve de colaboración en el nº 16 de la Revista ACTE VIRTUAL de la Asociación Canaria de Escritores:








La puedes descargar entera aquí:
https://issuu.com/cuadernosbirmagen/docs/revista_acte_virtual_n__16

LAS TRES BALLESTAS

            Su final se acercaba y el emperador tenía que elegir un sucesor a su trono. Organizó un torneo de puntería para decidir al heredero de la corona real. Aunque él, habiéndolos criado y aleccionado en todo lo que había podido, sabía cual sería el resultado. Usando su educada ironía, dispuso unas dianas para un concurso en el que ganaría el que más veces diera en el blanco. Como sus tres hijos eran expertos arqueros y acertarían siempre, pidió a sus esbirros que trucaran las ballestas e inclinaran medio grado el punto de mira. Sabio era el rey y sabias sus decisiones.

            Se dispusieron tres líneas de disparo sin que pudieran verse los contendientes. La distancia no era larga y facilitaba que dieran en el centro sin esfuerzo. El primero se dispuso a lanzar su flecha y se irritó mucho al ver que no había acertado. Su cólera no sorprendió a su padre. Siempre había sido así y ese día no iba a ser menos. El segundo se abatió al ver que no acertó tampoco. Se sentó a analizar cual había sido el error. Era imposible fallar a esa distancia. El tercero, receloso de alguna traición, antes de disparar pidió que le cambiaran la ballesta. Los operarios miraron al rey que, sonriendo socarronamente, asintió con la cabeza para que accedieran a su pretensión. Por supuesto, acertó de pleno en la diana a la primera.

            Para la segunda ronda duplicaron la distancia de las dianas. El primero se concentró al máximo, no podía permitirse otro error. Serio, miró, apunto… y erró. Lanzó la ballesta al suelo con tal violencia que el paje, a su lado, tuvo que saltar para no ser herido. El segundo, más listo, mentalmente corrigió el margen de desplazamiento del punto y proyectó medio grado a la derecha acertando diestramente. El tercero, sin problema, volvió a dar en la diana. La decisión estaba tomada.

            Los reunió a los tres y, antes de que le dejaran hablar, el primero dijo que no se debería dar por válido el concurso porque su ballesta tenía el punto de vista desviado. El padre le contestó que alguien que culpa a los demás de sus propios errores no es la persona adecuada para decidir sobre la vida de todo un pueblo. Al segundo le dijo que estuvo muy acertado en darse cuenta de que la lanzadera estaba desviada e hizo bien en corregirla y que, ante una dificultad buscó la manera de que no le afectara de nuevo. Le felicitó, pero le recordó que había fallado el primer tiro. Así que, les informó que el nuevo regente sería el tercero porque supo adelantarse a los acontecimientos. A diferencia del segundo, no sólo identificó el problema si no que, supo tomar las precauciones adecuadas para que eso no pasara y lo remedió antes de cometer un fallo. Al final les dijo: “Hijos, el pueblo no necesita gente que tape los conflictos hasta la siguiente vez que ocurran, lo que hay que hacer es prevenirlos y solucionarlos para que no sucedan nunca”.

Agradecimientos:
ACTE Canarias.

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